10 mayo, 2007

Un horario inédito, un problema sin solución

En una decisión tan increíble como habitual, si es que acaso pueden convivir esos dos conceptos, la Subsecretaría de Seguridad en los Espectáculos Futbolísticos (SubSEF) que dirige el ex arbitro Javier Castrilli dispuso que el encuentro entre Excursionistas y San Miguel, correspondiente a la 19ª y última fecha del Torneo Apertura, se dispute éste sábado a las 10:00 de la mañana en nuestro estadio.

Se trata de una medida inédita. Por más que uno haga el ejercicio mental de recordar algún partido en la Argentina que haya arrancado a esa hora no encontrará antecedentes. El caldo de cultivo para esta innovadora experiencia será la cuarta categoría del fútbol argentino, desorganizada como pocas, con intereses totalmente opuestos entre las dirigencias de los clubes que participan del certámen. En medio de una situación bastante crítica en la que prácticamente media divisional pretende mocionar y aprobar la iniciativa de que el próximo torneo todos los partidos se jueguen sin público visitante, la determinación de jugar un sábado a las 10:00 ya no sorprende. De más está decir que Excursionistas se ha opuesto a que el campeonato venidero se celebre sin su gente en cancha ajena pero parece estar gestándose un consenso lo suficientemente importante como para que esto finalmente prospere.

Aunque no la compartamos, no deja de ser una propuesta lógica si comprendemos que en la "C" son mayoría los equipos que no superan los 50 hinchas cuando les toca jugar de visitantes que los que realmente pueden movilizar una cantidad significativa de público. ¿De qué le sirve a un club con la mentalidad de Cañuelas, por ejemplo y con todo el respeto que nos merece como institución, seguir pagando el doble de operativos policiales nada más que para custodiar a la parcialidad visitante que va a su estadio cada quince días? Y en el peor de los casos, ¿cuántos serán los hinchas de Cañuelas que semana por medio no podrán ver a su equipo?. Un dato como para entender esta cuestión, el día que jugaron Excursio y Cañuelas en el Bajo hace dos sábados se vendieron apenas 25 entradas visitantes; $150 de recaudación, lo mismo que sale contratar cuatro policías en un operativo normal.

Sucede que nadie se preocupa por medir las consecuencias que podría acarrear tomar ese camino. En primer lugar, jugar sin público visitante no garantiza la erradicación de la violencia de las canchas, pero al fin y al cabo qué medida ha logrado surtir efecto hasta aquí. No han servido los costosísimos sistemas de audio y video instalados en los estadios, ni los megaoperativos de cientos de policías, ni la prohibición de banderas, ni el derecho de admisión, nada. Lo peligroso de que los clubes propongan jugar sin hinchas visitantes es que, aún cuando muy probablemente esto no logre paliar los incidentes, significará el puntapié inicial hacia el fútbol sin gente y no nos referimos en esto a los partidos de Primera División, sino concretamente al Ascenso y sus categorías menores.

Lamentablente hay que decir que hasta aquí no han surgido soluciones para esta problemática. Desde los organismos de seguridad intentarán seducirnos con estadísticas alentadoras que no condicen con la realidad que se vive hoy por hoy en las canchas. Sin embargo continúan incurriendo en errores típicos del desconocimiento del tema. No saben trasladar hinchadas, designan estadios a los cuales las parcialidades llegan por un mismo trayecto potenciando enormemente las chances de cruces de barras y por si todo esto fuera poco, exhortan a la AFA a implementar con dureza la quita de puntos a los clubes cuyos hinchas protagonicen hechos violentos, sanción que luego se aplica con criterios muy disimiles dependiendo de cada institución y divisional. Ejemplos como estos sobran y mientras tanto son los clubes los que se funden en la maraña del pago de los servicios de policía. Los organismos de seguridad son plenipotenciarios y los clubes carecen de armas para oponerse a sus disposiciones ni seno donde discutirlas.

Si la SubSEF y el CoProSeDe son incapaces entonces de resolver la cuestión, ídem la AFA o los dirigentes de los clubes que sufren en carne propia la ausencia total del Estado en el manejo de los violentos y deben convivir con ellos diariamente; tampoco la Justicia, lenta al punto de rozar lo exasperante, quién podrá entonces aportar las soluciones necesarias para que el fútbol vuelva a vivirse en paz. No desestimemos tampoco la razonable explicación de que estamos en presencia a nivel nacional de un problema cultural gravísimo que viene de varios años de arrastre y que encontró su detonante máximo en la década del '90. Inexorablemente, la solución a esto es ajena al fútbol y debe partir desde la dirigencia política. Ponerse a filosofar sobre esto nos supera, al menos desde este espacio.

Lo cierto es que hasta hoy el hilo ha venido cortándose por lo más delgado. Hacer jugar un encuentro a las 10:00 no hace otra cosa que perjudicar a los hinchas regulares y los socios, o acaso los violentos dejarán de ir a las canchas por más que un partido se juegue a las 3 de la mañana. Lejos de que quien corresponde logre comprender esta realidad tan elemental, no nos queda otra que pensar que lo peor aún está por venir.

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